Archivo para Enero 12th, 2008
Robbie Williams, en huelga de brazos caídos

Parece que el conflicto entre Robbie y EMI hará correr ríos de tinta. Los medios británicos se hacen eco hoy de unas declaraciones vertidas por el manager de Williams, Tim Clark, en las que pone en duda que el album en el que actualmente se encuentra trabajando el Robster vaya a ser entregado al sello discográfico con el que tiene contrato. Las razones son similares a las argumentadas por Radiohead cuando abandonaron EMI: los nuevos gestores de la empresa (que fue comprada el año pasado por un fondo de inversión) no saben nada sobre el negocio musical, tratan fatal a sus estrellas y, para empeorar las cosas, están echando a los trabajadores más experimentados. El principal objetivo de las críticas del equipo de Robbie no es otro que Guy Hands, el accionista mayoritario del citado fondo y némesis también de Thom Yorke (quien le dedicó algunas lindezas en su web hace pocas semanas).
Lo cierto es que EMI, la mayor discográfica del Reino Unido, que ha acogido a nombres legendarios como los Beatles, David Bowie, Queen y, más recientemente, a Coldplay y Lily Allen, lleva varios años atravesando por dificultades económicas. Sólo 6 discos de los 100 más vendidos de 2007 fueron editados por la compañía e internamente existe gran malestar con las medidas tomadas por los nuevos gestores para sanear las finanzas de la empresa, entre ellas despidos masivos (1000 se prevén para este año) y recortes en las partidas dedicadas a “mimar” a los artistas (reducción de los adelantos por albumes pendientes, supresión de costes “recreativos” como velas, fiestas, flores y fruta, etc.). Si a eso unimos la crisis generalizada del actual modelo de distribución de discos, no puede extrañarnos que otros grandes nombres como Coldplay (que, recordemos, también sacan disco este año) y Kylie Minogue, se estén planteando seriamente abandonar el barco.
Volviendo al tema Robbie, no deja de ser irónica la situación actual, dado el entusiasmo con el que celebró el cierre de su contrato con EMI en 2002 (“¡¡¡Soy rico mas allá de mis sueños más salvajes!!! exclamó el comedido muchacho en la rueda de prensa posterior a la firma). La cifra de 112 millones de euros a recibir por Robbie (que daba derecho a la compañía no solo a los beneficios por los discos, sino también a una parte de los ingresos por publicidad, giras y merchandising) fue considerada un record en su momento y puso punto y final a su fructífera colaboración con Guy Chambers, co-autor de los primeros 4 discos en solitario del cantante y con quien no consiguió ponerse de acuerdo sobre el futuro reparto de los beneficios. Su actual postura recuerda bastante a las de otros artistas como George Michael, Prince o Mariah Carey, para los que un gigantesco contrato discográfico supuso el principio de un circo medidático y judicial que dañó irremediablemente sus carreras.
La pregunta es ¿quién tiene la culpa del fracaso de este tipo de contratos?: a) ¿la discográfica que, obsesionada por recuperar su monumental inversión, obliga al artista a plegarse a sus intereses comerciales?; b) ¿el artista que, sentado en sus laureles y gastando alegremente los gigantescos adelantos, no tiene tiempo para algo tan banal como grabar música decente?; c) ¿los “águilas” del negocio musical, que se pelean a muerte y derrochan cifras obscenas para hacerse con cantantes/bandas que ya han tocado su techo artístico en lugar de apostar por el talento emergente? Queda abierto el debate.
Mientras tanto, la mejor baza de Williams en su peculiar cruzada contra quienes antes le hacían tan feliz es ese nuevo LP en el que supuestamente estaría trabajando y donde tendría como aliados al añorado Chambers y a Mark Ronson, niño prodigio de la producción musical británica y artífice del disco más vendido del año pasado, el Back to Black de Amy Winehouse. La perspectiva más probable es que Robbie cumpla su compromiso con EMI, grabando con ellos un último album de versiones de swing (que le costará poco esfuerzo y en el que pondrá nulo interés) y guarde su nuevo material para ofrecerlo al mejor postor.